lunes, 12 de noviembre de 2012

Teoría del "Big Bang"

El "Big Bang"



(Resumen y comentario del artículo publicado en wikipedia)

      Manuel Leguía Mendoza

El Big Bang es la teoría que intenta explicar el origen y el posterior desarrollo del universo a partir de una singularidad espacio-temporal.  Esta explicación se basa en una colección de soluciones a la teoría de la relatividad de Einstein, por parte de Lemaitre, Friedmann, Robertson y Walker.

El término viene de un astrofísico inglés, Fred Hoyle, quien negaba esta tesis porque sostenía que el universo es estático. Y el termino "Big Bang" tiene dos sentidos: En sentido estricto hace referencia al momento en la que se dio la gran explosión y en un sentido general, hace referencia al paradigma cosmológico que explica el origen y el desarrollo del universo.
La idea central del Big Bang es que la teoría de la relatividad general puede combinarse con las observaciones de isotropía y homogeneidad a gran escala de la distribución de galaxias y los cambios de posición entre ellas, permitiendo extrapolar las condiciones del Universo antes o después en el tiempo.

Esta teoría fue propuesto en 1927 y 1930 por el sacerdote belga Georges Lemaitre. Este científico sostiene que el universo se originó a partir de un átomo primigenio.
El Big Bang en seguida encontrará los fundamentos científicos. En 1929 se conoce la Ley de Hubble. Esta ley sostiene las galaxias se alejan unas de otras a velocidades (relativas a la Tierra) directamente proporcionales a su distancia. En 1964 se descubrió la radiación de fondo de microondas. Los descubridores son Penzias y Wilson. El corrimiento hacia el rojo de las galaxias y la abundancia de elementos ligeros (Alpher y Gamon en 1940).
Y en la actualidad esta teoría depende de tres suposiciones:
  • la universalidad de las leyes de la física, en particular la Teoría de la relatividad general. Esta ley física ha sido verificada al nivel de las más grandes constantes físicas, llevando su margen de error hasta el orden de 10-5.
  • El principio cosmológico. La isotropía del universo que define el principio cosmológico ha sido verificada hasta un orden de 10-5.
  • El principio de Copérnico. Este principio se intenta verificar observando la interacción entre grupos de galaxias y el CMB por medio del efecto Sunyaev - Zeldovich con un nivel de exactitud del 1 por ciento.

En la actualidad el Big Bang es la teoría estándar de la evolución del universo. Pero esto no quiere decir que no tenga problemas por resolver... Los grandes problemas a las que se tiene que resolver son las siguientes: el problema del horizonte, monopolios magnéticos, edad de los cúmulos globulares, halo de las galaxias y la energía oscura.

La teoría del Big Bang es una explicación científica de la evolución del universo, que no es incompatible con la doctrina de la creación transmitida en la Sagrada Escritura sobre el origen del universo. Para explicar la compatibilidad quisiera exponer brevemente la doctrina de la Creación:
Desde una perspectiva teológica - filosófica la doctrina de la creación es algo que es propio de Dios. La Teología sostiene una creatio ex nihilo. Es decir, una creación de la nada. El término "nada" no es una realidad anterior a la creación sino que es una manera de expresar de que Dios es el autor del ser de cuanto existe. Hay una dependencia absoluta de la criatura de su creador. En este sentido se habla de "Dios crea" y no "Dios ha creado".

La creación tiene las siguientes características: Temporalidad, la creación fue en el tiempo; Racionalidad, el universo está estructurado de manera inteligente, de modo que existe una correspondencia profunda entre nuestra subjetiva razón y la razón objetiva de la naturaleza; Libertad, la creación es un acto libre de Dios; Finalidad, la creación tiene un fin y Perfección, la creación es perfecta, es bueno, el bello porque es obra de un Ser perfecto.

La doctrina de la Creación y la Teoría del Big Bang no son incompatibles. Pero, antes es importante resaltar los dos errores que se tienen que evitar: el fundamentalismo que rechaza las teorías y los resultados científicos porque van en contra de la enseñanza bíblica; el Concordismo es una reconducción forzada de las teoría y los resultados científicos a los versículos de la Sagrada Biblia. Para no caer en estos errores hay que interpretar la Biblia atendiendo a los género literarios, sabiendo que la Biblia nos enseña cómo llegar al cielo y no tano cómo es el cielo, en palabras de Galileo.

La creatio ex nihilo y ab initio temporis es compatible con la teoría del Big Bang. La creación como una explicación teológica nos da la respuesta al por qué de la existencia del universo. El universo existe porque Dios ha creado y sigue manteniendo con su providencia. En cambio, la teoría del Big Bag como una explicación científica responde a la pregunta cómo ha evolucionado el universo.

Como conclusión: el universo fue creado por Dios y el proceso después de la creación es explicado por la teoría del Big Bang. Es importante saber, que la verdad de la creación no depende de la verdad de esta teoría científica. 

“EL DIOS DE LOS FILÓSOFOS MODERNOS. DE DESCARTES A HUME”


RESENCIÓN DEL LIBRO:
“EL DIOS DE LOS FILÓSOFOS MODERNOS.
DE DESCARTES A HUME”




Manuel Leguía Mendoza

El libro "El Dios de los filósofos modernos. De Descartes a Hume"  de José Luis Fernández Rodríguez, publicado en Mayo del 2008 en la editorial EUNSA, trata del pensamiento de los racionalistas franceses y empiristas ingleses sobre Dios. Dios es una cuestión de la que no se puede prescindir si pretendemos entender estos movimientos filosóficos, y aún más si esa pretensión es desde la teología natural.

Un estudiante de filosofía al tomar un libro como este piensa qué pueden decir los racionalistas de Dios, si Dios está por encima de la razón. Y uno de los principios del racionalismo es la primacía de la razón sobre la experiencia y sobre la fe. En lo que respecta al empirismo, es más sorprendente porque se sabe que no hay más que lo sensible. Es decir, que el punto de partida del conocimiento es la experiencia. Pero, gracias al libro, objeto de mi comentario, puedo afirmar que tanto para los filósofos racionalistas y empiristas de la edad moderna puedo afirmar que Dios es una cuestión muy importante en el sistema filosófico de cada uno de ellos. Aunque no todos tratan con el mismo rigor e interés esta cuestión, por ejemplo Hume. Este filósofo inglés se dedicó a criticar los argumentos anteriores porque pretendía quitarse de en medio a la religión.
Después de esta pequeña introducción ahora intentaré exponer a grandes rasgos los distintos argumentos de los filósofos sobre Dios. Y para esto seguiré la estructura del libro.

En el capítulo I se trata sobre el Dios de Descartes. Descartes introduce a Dios en la filosofía con el fin de garantizar la primera certeza, que es como decir que a Descartes Dios no le interesa por sí mismo, sino como fiador de su primera certeza. En Descartes  el cogito cede su puesto de privilegio a Dios. Pero de esto no se da cuenta Descartes, pero sí Malebranche y Spinoza.

En Descartes tenemos una prueba a priori (a partir de las exigencias que entraña la idea de Dios) y dos pruebas a posteriori (a partir de la idea de Dios que tiene el yo y a partir del yo que tiene la idea de Dios).

La primera prueba, que desarrolla Descartes, es por la presencia de la idea de Dios en mí. Dice: "Tengo la idea de Dios que es una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, por la que ha sido creado mi yo y todas las demás cosas que existen, si es verdad que existen" (Pág. 25). Descartes se fija en los términos sustancia infinita. Este es el punto de partida de esta prueba. Se intenta explicar la presencia de esa idea en nosotros, pero solamente podemos explicar el carácter sustancial  de la idea de Dios, puesto que también nosotros somos sustancia. Pero es imposible explicar la índole infinita de esa idea, porque nosotros somos finitos. Aquí aplica su principio, el efecto no puede ser superior a la causa. Por tanto, la conclusión es que la idea de sustancia infinita solo puede haber sido puesta en mí por una sustancia que sea "verdaderamente infinita". Dios existe como la causa de la idea que tenemos de Él. Es ese Dios realmente existente el que pone su idea en mí. Descartes se pregunta, pero ¿para qué? Para que sea "como el sello del artista impreso en su obra", dicho en términos bíblicos, para que sea "como su imagen y semejanza" (pág. 27).

La segunda prueba por el yo que tiene la idea de Dios. Descartes parte del yo, pero no de un yo compuesto de alma y cuerpo sino de un yo que es sustancia pensante (alma). De este yo no puede afirmar que sea un compuesto porque hasta ahora no sabe, si existen o no las cosas sensibles. La sustancia pensante, el yo, tiene la idea de Dios. Descartes dice "quien efectivamente tiene la idea de Dios conoce perfecciones que no tiene: conoce que Dios es infinito, eterno, inmutable, omnisciente, omnipotente; se conoce también que él no es ni infinito, ni eterno, ni inmutable, ni omnisciente, ni omnipotente" (pág. 37). El hombre si pudiera tener esas perfecciones, las tendría porque la voluntad tiende hacia el bien. Pero el hombre no es capaz de darse esas perfecciones, que son accidentes, y menos aún no es capaz de darse la existencia. Aquí aplica otro principio: quien no puede lo menos tampoco puede lo más. Por tanto, yo no me he dado a mí mismo el ser, sino que otro me  lo ha dado. Y ese otro quién es. La respuesta es, tiene que ser una causa que piensa y tenga la idea de Dios, puesto que yo, que soy un efecto pienso y tengo la idea de Dios. Para demostrar la existencia de Dios se aplica el principio de causalidad y se niega el proceso infinito de causa. Y así se concluye que es necesario que exista una causa primera de nuestro ser, como ser que encierra todas las perfecciones. Al final de esta prueba habla de la creación continuada (la conservación).

La tercera prueba es la ontológica. Esta prueba encontramos en el Discurso del método y en las Meditaciones. En estos escritos de Descartes la prueba no aparece con una forma silogística. Para exponer el argumento ontológico seguiré la forma de silogismo que lo hizo obligado por el autor de las primeras objeciones, Caterus. La premisa mayor, el criterio de la claridad y la distinción. Es decir, que de una cosa se puede afirmar todo lo que con claridad y distinción concebimos que pertenezca a la naturaleza de esa cosa. La premisa menor, la aplicación de ese criterio a la relación necesaria entre la esencia de Dios y su existencia. Dice Descartes que concebimos clara y distintamente que la existencia pertenece a la esencia de Dios. Esto se afirma porque Dios es la suma perfección. A este Ser sumamente perfecto no le puede faltar la existencia, puesto que, si le faltase una perfección dejaría de ser sumamente perfecto.  Por tanto, se concluye que Dios existe. Pero este argumento no se libra de críticas. El punto débil de este argumento es la premisa menor. No se puede decir que Dios sea omniperfecto sin saber que existe. La existencia no es una perfección, ni en Dios ni en ninguna otra cosa, sino la simple conditio sine qua non de todas las perfecciones, porque lo que no existe no tiene ni perfecciones ni imperfecciones. Tampoco no se puede sostener que la existencia de Dios esté vinculada a su esencia. Ante esta objeción, Descartes, responde que Dios es un caso especial. Dice: las cosas distintas de Dios las concebimos como pudiendo existir, mientras que a Dios lo concebimos como existiendo necesariamente, con una existencia real (pág. 48).

Descartes después de probar que Dios existe intenta exponer la naturaleza de Dios: El atributo más importante para Descartes es la infinitud divina. Dios no tiene límites en sus perfecciones, ni puede tenerlos. El término infinito no hay que entender en un sentido negativo sino positivo. Es decir que lo infinito no es lo no-finito, sino que lo finito es lo no-infinito. En cuanto al carácter espiritual de Dios, se dice que Dios no es algo corpóreo ni extenso. La veracidad divina es uno de los atributos fundamentales cartesianismo, porque la certeza de todas las otras cosas depende de esa veracidad que sin su conocimiento es imposible saber jamás nada con certeza. Dios no puede ser engañador por la bondad divina, porque un Dios engañador contradice la verdad, porque la veracidad es el fundamento de la religión cristiana. Dios es el creador de las verdades eternas.  Es decir que Dios es creador de la esencia y existencia de las cosas. Dios es inmutable porque es un ser que es por sí, y no le hace falta ninguna otra perfección. La inmutabilidad divina se ve reflejada en las leyes de la naturaleza. Por último, Dios como causa sui. Dios existe por sí mismo y es causa de sí mismo.

En el capítulo II se trata sobre el Dios de Malebranche. Para demostrar la existencia de Dios no hay más que dos caminos: Uno a priori (argumento ontológico) y otro a posteriori (la prueba por los efectos).

En primer lugar nos presenta el argumento ontológico, Malebranche no parte de la idea de Dios como Descartes, sino el fundamento de su prueba es el conocimiento inmediato de Dios. Dice que todo lo que conocemos inmediatamente existe realmente; y da un paso más, afirma que a Dios lo conocemos inmediatamente; luego se concluye, Dios existe. En otras palabras, si pensamos en Dios, Dios existe. El argumento a posteriori es el que parte de las criaturas y llega a Dios. No hay nada visible en el mundo creado por Dios a partir de lo cual no podamos ascender al conocimiento del creador, con tal de que razonemos acertadamente. La segunda prueba a posteriori es la que arranca de la naturaleza de las ideas consideradas en sí mismas, llamada normalmente prueba de las verdades eternas. Existen unas ideas inmutables, eternas y necesarias, por tanto tiene que existir un ser con las características de inmutabilidad, eternidad y necesidad. El ser con tales características es Dios, existe Dios.

En cuanto al conocimiento de la naturaleza divina, Malebranche  igual que Descartes está convencido de que el infinito no puede ser comprendido aunque sí entendido. En primer lugar trata sobre la Infinitud, que es el carácter principal de los atributos divinos, ya que de ahí se derivan todos los demás, pues al fin y al cabo la palabra Dios no es sino la expresión abreviada del ser infinitamente perfecto (pág. 97). A partir del atributo de la infinitud se siguen las siguientes: la independencia se deriva directamente de la perfección infinita; la inmutabilidad, que se deriva de la independencia porque donde no hay causa no hay cambio; la eternidad se deriva, también de la independencia, puesto que nada puede ser independiente sin ser eterno, Dios no existió ni existirá sino que existe; la inmensidad o la omnipresencia, es decir que Dios está en todas partes, no sólo en el universo sino infinitamente más allá; la simplicidad es la suprema unidad, es decir que cada perfección que Dios posee incluye todas las demás sin ninguna distinción real, porque, como cada perfección divina es infinita, constituye todo el ser divino.

Después de demostrar la existencia de Dios y de tratar los atributos divinos, ahora se intenta explicar a Dios como creador y como la única causa. La creación no puede ser demostrada. En este punto critica a Descartes que pensó haber demostrado la creación fundamentado en la veracidad divina. Malebranche sostiene que nosotros sabemos que el mundo fue creado por por la revelación natural que es reforzada por la revelación sobrenatural. Dios creó libremente el mundo, por pura bondad, sin tener necesidad de crear y que sigue conservando mediante una "una creación continuada". De la creación continuada saca Malebranche que sólo Dios es causa, y así quedan reducidas las criaturas a meras ocasiones de la causalidad divina. Dios ejerce esa causalidad a través de las voluntades generales. En Malebranche, la voluntad general es sinónima de ley general. Es decir que Dios obra por las leyes que Él mismo las ha establecido, en el orden natural hay tres leyes: las del movimiento, de la unión del alma y cuerpo, y de la acción de Dios sobre nuestro entendimiento y nuestra voluntad. El ocasionalismo tiene unas dificultades que es difícil de superar. Por ejemplo, la libertad humana, los males y los milagros

En el capítulo III se trata sobre el Dios de Spinoza. Spinoza a diferencia de toda la tradición escolástica que parte de cosas sensibles, y de Descartes que parte del hombre, su punto de partida es Dios (sustancia absolutamente infinita). Dios es el primero en el orden de la naturaleza y en el conocimiento (tam cognitione quan natura).

Para Spinoza Dios es el ser absolutamente perfecto. Esta definición es verdadera, porque la omniperfección es una propiedad de Dios, y es imperfecta puesto que para ser perfecto es necesario que recoja todas las propiedades. Ante la imperfección de esta definición se da otra: "es la sustancia constituida por infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita" (pág. 167). Dios es la única Sustancia, aparte de Dios no puede existir ninguna sustancia por dos razones: la sustancia infinita no se puede dividir en multitud de sustancias y es imposible que existan otras sustancias infinitas. Spinoza llega a afirmar esto porque la noción de sustancia de los clásicos no le sirve. Sustancia es aquello que existe en sí mismo y por sí mismo (autosuficiencia en el existir y en el ser causada), y aquello que es concebido por sí mismo. Sustancia es "la cosa que existe de tal manera que no necesita de ninguna otra cosa para existir" (pág. 168). De la definición se extrae que Dios es causa sui y causa rerum. Pero esto no es verdad, puesto que Dios no puede ser efecto de sí mismo, porque la causa dice dependencia en el ser, lo cual no puede darse en el absoluto. Dios es una sustancia infinita, que no tiene límites. Es una infinitud absoluta y no relativa.

Dios consta de infinitos atributos porque es una sustancia absolutamente infinita. Y por atributos, entiende Spinoza, aquello que constituye la esencia de la sustancia y aquello que nos da a conocer esa esencia. Pero, es consciente de que no podemos conocer la infinitud de atributos; conocemos dos atributos: el pensamiento y la extensión. Por tanto, Dios es una cosa pensante y Dios es una cosa extensa.

Después de lo que se ha visto hasta, Spinoza se plantea si realmente existe esa sustancia infinita con sus atributos infinitos. Y su respuesta, "tiene que existir necesariamente". En su Ética propone cuatro pruebas: tres  a priori y una a posteriori: a) Dios es sustancia; la sustancia existe necesariamente; luego, Dios existe necesariamente. b) A la sustancia infinita nada de su propia naturaleza se lo impide que exista; ni se lo puede impedir algo exterior a la sustancia infinita; luego, Dios existe necesariamente. c) Dios es una sustancia infinita; tiene una potencia infinita de existir; luego, existe necesariamente. d) Nosotros existimos como seres finitos; si sólo existieses los seres finitos habría que decir que los seres finitos tienen mayor potencia para existir que el ser infinito, lo cual es absurdo; luego, existe el ser infinito. Spinoza ofrece más pruebas en su Tratado breve, y en los Principios de filosofía cartesiana.
Para terminar este capítulo, a grandes rasgos, haremos referencia a las propiedades de Dios, a las modificaciones de Dios y a la crítica que hace Spinoza de la concepción de la creación. La propiedad  es una cualidad que pertenece a la sustancia en cuanto posee ya una determinada esencia. La propiedad es como un adjetivo de la sustancia. Entre las propiedades tenemos: las de la esencia divina (indivisibilidad, no es multiplicable por división interna; la unidad, solamente existe una sustancia absolutamente infinita; la inmanencia), y las propiedades de la acción divina (la necesidad, Dios es causa necesaria; la libertad, Dios es causa libre; y la inmanencia, Dios es causa inmanente es decir que todo está en Dios y Dios está en todo / Deus sive natura).  En cuanto a las modificaciones de Dios, Spinoza dice que los atributos se manifiestan en un número infinito de modos, modificaciones, afecciones. Los modos son aquello que es en otro. Es decir, que los modos sin la sustancia no podrían existir. Dios es la sustancia con sus infinitos atributos y el mundo son los modos. También se podría decir que Dios es la natura naturans y el mundo como natura naturata. Spinoza rechaza en la doctrina de la creación: la intervención del entendimiento, de la voluntad, la contingencia, la imperfección de las cosas creadas y la finalidad del creador (pág. 214). Finalmente, en el libro se recoge la crítica a la religión revelada. Hay una separación entre fe y razón; el objeto de la filosofía es la verdad y de la teología es la obediencia.

En el capítulo IV se trata sobre el Dios de Locke. En primer lugar nos dice que la idea de Dios no es innata, porque si fuera innata todos los hombres tendrían esa idea, tendrían la misma idea de Dios y tendrían todos los hombres una idea verdadera de Dios. Por tanto, la idea de Dios es adquirida por las vías de conocimiento: experiencia interna (reflexión) y externa (sensación). La idea de Dios no es simple sino compleja, elaborada a partir de ideas simples.

La existencia de Dios es posible demostrar. Locke dice: “tenemos un conocimiento de nuestra existencia por intuición; de la existencia de Dios, por demostración; y de las demás cosas, por sensación” (pág. 242). El filósofo inglés tiene varias pruebas a posteriori. La existencia real sólo puede probarse por la existencia real, por lo cual la existencia real de Dios solo puede ser probada por la existencia real de otras cosas. Pero Locke prefiere partir de la existencia real de nosotros mismos que engendra una certeza superior a la sensación (la existencia de cosas externas). Y así, la primera prueba es por la existencia del yo. A partir de nuestra existencia concluye en la existencia de un Ser Eterno, causa de nuestra propia existencia. Ese Ser Eterno es pensante e inmaterial. El segundo argumento a posteriori arranca del orden que se observa en el mundo y termina en la existencia de un ordenador, causa de ese orden. Esta prueba se encuentra en los Ensayos sobre la ley natural. Las pruebas a priori de la existencia de Dios ha sido objeto de crítica de Locke, sobre todo las pruebas cartesianas. La prueba ontológica de la existencia de Dios, que se apoya en la idea de existencia necesaria, no permite probar la inmaterialidad del ser eterno.

En el capítulo V se trata sobre el Dios de Berkeley. Crítica de las pruebas tradiciones. Es imposible probar la existencia de Dios a partir de la idea de Dios, porque no tenemos tal idea. Puesto, que Dios es un ser espiritual, y no hay idea de los seres espirituales, porque la idea implica pasividad, mientras que el espíritu encierra actividad. También son imposibles las pruebas a posteriori, que parten de las cosas materiales. La razón, es que las cosas materiales no existen, el ser ese est percipi. Pero Berkeley no se queda en esto sino que desarrolla nuevos tipos de pruebas a posteriori, que se apoyan en la concepción que tiene de las cosas materiales.

El argumento de la pasividad que se encuentra en el Tratado sobre los principios del conocimiento humano. Las ideas o cosas sensibles son pasivas, es decir, no hay en ellas ninguna actividad. La causa se debe buscar fuera de ellas, porque siendo pasivas es imposible que sean causa de nada: ni de sí mismas, ni de ninguna otra cosa. La causa no puede ser una sustancia espiritual porque no existe, por tanto tiene que ser una sustancia espiritual. Pero esta sustancia espiritual tiene que ser pura actividad, tiene que ser la actividad del espíritu en tanto que voluntad. Por tanto, existe una Voluntad infinita. La segunda prueba es por la continuidad (Tres diálogos entre Hilas y Filonús). El ser es ser percibido. En la realidad, vemos continuidad de esos seres. Es decir que algo no empieza a existir cuando alguien percibe y deja de existir en cuanto deja de percibir. Por tanto, tiene que existir una mente eterna por la que existan las ideas o cosas sensibles. La tercera prueba es por el movimiento. Los cuerpos se mueven. La causa del movimiento del universo no podemos buscarla en los cuerpos, sino en los espíritus, y en último término en el espíritu infinito, porque toda la actividad cae del lado del espíritu, no de los cuerpos que son pasivos. Y la última prueba es por el lenguaje visual (Alcifrón). En esta prueba se llega a Dios como ser que nos habla mediante una analogía con el alma; mejor, mediante dos analogías con ella, porque empieza estableciendo una, que luego sustituye por otra que le parece más adecuada (pág.284). La primera analogía, dice: así como no percibimos la existencia del alma por ninguno de nuestros sentidos, pero la deducimos, porque la necesitamos para el movimiento de nuestro cuerpo, así también, aunque no percibamos por ninguno de nuestros sentidos la existencia de Dios, la deducimos, porque nos resulta imprescindible para el movimiento del mundo. La segunda analogía en resumen: tenemos un gran número de sensaciones visuales que nos permiten entender el mundo sensible con el que estas imágenes están arbitrariamente conectadas. Si existiese un ser inteligente capaz de usar estos signos visuales como una especie de lenguaje por el que yo y otros hombres podrían entender el mundo y regular sus acciones, encontraríamos una explicación a estas sensaciones visuales. Por tanto, se concluye que ese ser existe.

El capítulo VI se trata sobre el Dios en Hume. David Hume critica las pruebas de la existencia de Dios, sobre todo el argumento del orden (a posteriori). Existe una ordenación de medios a fines en las obras de la naturaleza; ahora bien, por analogía con las obras del ingenio humano, esa ordenación es fruto de una causa inteligente; luego existe una causa inteligente que ordena los medios a los fines en los productos de la naturaleza (pág. 296). Hume al criticar este argumento acepta la primera premisa, pero ya encuentra problemas en el proceso demostrativo. Es decir, que no podemos encontrar la causa del orden; porque el efecto no exige necesariamente la causa. Hume dice que esa necesidad es fruto de la costumbre nacida de la conjunción, reiterada en el pasado, entre el efecto y la causa. Sigue la crítica, suponiendo que fuese posible averiguar la causa del orden del mundo, todavía quedaría por determinar la causa de ese orden. La prueba del orden no demuestra la existencia de una inteligencia ordenadora. Aunque se demostrara acudiendo a la analogía, no se evita la falta de certeza ni el antropomorfismo. Aun suponiendo que hayamos de admitir que la causa del orden del mundo sea una inteligencia, esta no tiene, según Hume, los caracteres o atributos que le asignan los partidarios del argumento. Esto no se lo permite la regla de proporción, según la cual, la causa ha de ser proporcionada al efecto del que se saca; porque de lo contrario trascenderíamos la experiencia y sacaríamos una conclusión que ya no sería cierta. Por tanto, no podemos afirmar que Dios es infinito, ni bueno, ni omnipotente, ni su unidad.

Hume, después de tantas dudas sobre el argumento por el orden concluye en su obra Diálogos sobre religión natural confesando que todas las dificultades que ha venido planteando no arruinan el argumento, sino que solamente lo debilitan. Por lo cual, aunque poco, algo queda a salvo después de tanta crítica. Hume lo resume en esta proposición: “la causa o las causas del orden del universo presentan probablemente alguna remota analogía con la inteligencia humana” (pág. 323). Se habla de una confesión final de cierto teísmo.

También, el argumento a priori fue objeto de crítica de Hume. Dice que es imposible demostrar la existencia de Dios puesto que Dios no es ajeno a la regla “nada es demostrable a menos que lo contrario implique una contradicción”. Es imposible demostrar la existencia de Dios porque es posible concebir la no existencia de Dios.

Hasta este punto el recorrido sobre los pensamientos de los filósofos modernos al respecto de Dios. El libro "El Dios de los filósofos modernos. De Descartes a Hume"  de José Luis Fernández Rodríguez, es un estudio muy completo sobre el tema de Dios. No sólo por su claridad en la exposición sino también por su precisión y profundidad de la argumentación. Es interesante los juicios que hace sobre la postura de los filósofos, pero aún más las críticas que hicieron los contemporáneos a los distintos autores. No sólo recoge las críticas de los críticos de la época sino las respuestas que dieron tanto los racionalistas y empiristas.

El autor del libro cumple con su objetivo de abordar el tema de Dios, como uno de los temas más centrales de la filosofía moderna. Al estudiar la filosofía de Descartes se cree que el tema central de su sistema es el yo pero no, porque el yo cede su puesto a Dios. Esta prevalencia de Dios porque Descartes fundamenta su filosofía con la veracidad divina. Esta primacía de Dios es evidente en Malebranche, que empieza su filosofía con Dios. Dios es lo primero conocido (ontologismo), a partir de este conocimiento se deriva el conocimiento de las demás cosas. Spinoza, también, empieza su filosofía con Dios. Dios es la única sustancia, es decir que es el ser absolutamente independiente que se basta así mismo. Es ser que cuya esencia implica su existencia, es como decir, que es un ser que es causa sui. Todas las cosas existentes son modos de la única sustancia. Entonces se dice que Dios está en todo y todo está en Dios. La postura de Spinoza no es panteísmo sino panenteísmo.

Para los empiristas también Dios sigue siendo un tema de gran interés aunque ya no con la primacía como el los sistemas de los racionalistas. La teología natural de Locke está animada por la pretensión de elaborara un ética deductiva, para lo cual necesita una norma de la cual derivar nuestro comportamiento moral. Dios es necesario como autor de esa norma, sin Dios no se podría elaborar la ética. En cambio, Berkeley busca defender la fe cristiana. Para conseguir esto prescinde de la concepción clásica del ser, de la existencia de las cosas materiales, él entiende que ser se reduce a ser percibida. Y Hume, también se centró en la cuestión de Dios aunque para criticar y así acabar con la existencia de la divinidad.

Como se puede ver, Dios no sólo ha sido tratado por los filósofos racionalistas y empiristas como un tema más en el sistema, sino que ha sido como la piedra de toque para las distintas filosofías de la edad moderna.




domingo, 14 de octubre de 2012

Matrimonio y Familia



Matrimonio y Familia
                                                                                                                          Manuel Leguía Mendoza

En este trabajo se intentará estudiar con profundidad aunque de un modo breve, el significado de la Sexualidad humana. Para esto seguiré el libro de Pedro - Juan Viladrich: "Agonía del matrimonio legal". El hilo conductor es la pregunta: ¿Cuáles son los elementos básicos, esenciales y constantes de la cuestión sexual? Al preguntarnos sobre los elementos básicos, esenciales y constantes de la cuestión sexual, queremos saber cuáles son las piezas naturales que no pueden faltar en ninguna fórmula de comunicación sexual verdaderamente humana[1]. Viladrich nos dice que estas piezas se pueden combinar de diversas maneras pero solamente, Matrimonio y Familia, es la combinación óptima.

En primer lugar, se afirma que la distinción entre varón y mujer es algo natural y primaria. Por tanto no es producto de la voluntad del hombre, ni un producto social o cultural. La masculinidad y la feminidad son dos modos de ser persona no opuestos sino dos modos distintos y complementarios que afectan constitutiva y esencialmente a las dimensiones biológicas, psíquicas, afectivos y cognitivos.
La masculinidad y la feminidad no son roles culturales, sino un modo específico, aunque en algunos casos sean similares, pero no es todos, de ser, de pensar, de sentir, de estar y de actuar[2].

Esa distinción esencial entre el varón y la mujer es en el plano de la dimensión  sexual y no en el plano de la dimensión personal. Es decir que ambos, varón y mujer, son personas porque existe una sola esencia, persona humana. En este punto es importante subrayar que tanto el varón y la mujer son naturalezas humanas completas. Por tanto, no es necesario la unión con el otro sexo para desarrollarse plenamente. El varón y la mujer tienen identidad, la misma dignidad y la igual condición  de personas humanas. No hay argumentos para discriminar a la mujer o al varón.

La sexualidad humana trasciende a las dimensiones biológicas, por eso no se reduce a la función generativa sino que la afecta a toda la dimensión de la persona. Negar esta verdad es equiparar la sexualidad humana a la de los animales, que responden a las inclinaciones naturales de reproducirse y así mantener la especie. Por eso podemos afirmar que la sexualidad del hombre no afecta sólo al cuerpo, sino también al espíritu, puesto que ambos son inseparables en la unidad de la persona

El segundo elemento natural es la atracción mutua y la complementariedad entre los dos sexos. Entre el varón y la mujer, en cuanto virilidad y feminidad, no hay una indiferencia sino que se explican la una en relación con la otra. Hay una mutua atracción a la unión y a la perfecta complementariedad. El sentido final de la complementariedad natural es la fecundidad, aunque no es el único, pero es esencial y es una de las constantes de la cuestión sexual. La complementariedad se manifiesta en el Matrimonio.

El tercer elemento natural es la sociabilidad y la estabilidad del encuentro personal entre  virilidad y feminidad. La sociabilidad de la persona actúa en tres vertientes: 1) La sociabilidad hace acto de presencia en la relación varón-mujer. La manifestación de esta sociabilidad es la fundación de la comunidad conyugal. 2) La sociabilidad hace acto de presencia en la realización de la fecundidad. La comunidad conyugal se abre a terceros. Y se manifiesta en la comunidad familiar. 3) La realización plena de la sociabilidad varón-mujer (comunidad conyugal) y de la sociabilidad padres-hijos (comunidad familiar) abarca y se proyecta a las relaciones entre las distintas comunidades conyugales y familiares. Se manifiesta en la sociedad. La presencia de estas tres vertientes en todos los tiempos y culturas es indiscutible[3].

Para que la fórmula sexual óptima, la que hemos comentado al principio de este trabajo, sea óptima son imprescindibles el amor y la libertad. El amor y la libertad, al ser elementos básicos, esenciales y constantes, son la piedra de toque para la validez de la fórmula sexual (Matrimonio). Sin amor es imposible fundar una comunidad conyugal, por eso la importancia de este elemento. El amor es aquella fuerza unitiva que es propio de la persona. El amor no es un simple contemplar el bien apetecido, sino  estrictamente un ir ya hacia el otro. El amor es movimiento amoroso de la voluntad. Pero el amor sin la libertad tampoco nos sirve. Es necesario que una persona quiera entregarse (autodonación) libremente al cónyuge, de lo contrario no hay una verdadera comunidad conyugal.  Es necesario amar a la persona del otro, en cuanto sexualmente distinto y complementario.

"El amor conyugal no es amar a la virilidad o a la feminidad del otro, haciendo abstracción o dejando fuera de ese amor a la persona del otro. Eso significaría desgajar la unidad varón (persona y virilidad) o la unidad mujer (persona y feminidad), para aceptar solamente la virilidad o la feminidad. Quitada la persona, ese amor no sería entre varón y mujer, sino entre macho y hembra"[4]. Si en el matrimonio se reduce el amor conyugal a un mero contacto virilidad-feminidad, ya no podemos hablar de amor conyugal porque esa relación no es personal. No es personal porque la mujer es considerada como un objeto sexual y el hombre como un objeto sexual.

El amor conyugal no puede separar ese doble componente: lo personal y lo sexual. Si no se tiene lo sexual estamos ante un amor de amistad y no conyugal; y si quitamos lo personal, como antes se dijo, estamos ante un degradación de la persona.

Hasta ahora hemos visto las piezas o elementos naturales de la sexualidad humana. Estas piezas al ser naturales tienen unos límites de tolerancia. Si no se respetan los límites de tolerancia de esas piezas, quien se degrada es la persona. Por eso, es deber nuestro, respetar las piezas de la sexualidad, sabiendo que el Matrimonio y la Familia  no son algo trivial.

Viladrich señala que, en la historia de la humanidad, los límites naturales de las piezas de la sexualidad humana no han sido respetadas. Así tenemos la práctica de la poligamia, la promiscuidad, el homosexualismo, etc. Estas actitudes son manifestaciones de la degradación de la persona. Una persona abraza una de estas actitudes al rechazar una o varias de las piezas esenciales y constantes de la sexualidad humana.

Las cuatro piezas son importantes para el Matrimonio. El matrimonio es un compromiso voluntario y libre de los contrayentes, mediante el cual deciden quererse y entregarse el uno al otro en lo conyugal, uno con una para siempre.

Bibliografía:
·         VILADRICH, PEDRO- JUAN, Agonía del matrimonio legal, EUNSA, Pamplona 2010, págs. 45 -113
·         TOMAS Y GARRIDO, GLORIA MARÍA, Cuestiones actuales de bioética, EUNSA, Pamplona 2006, págs. 51- 60
·         RODRÍGUEZ BALAGUER, RAMÓN, Sexualidad humana y matrimonio cristiano, UCAM publicaciones (Monografías de Teología), Murcia 2009, Cap. 1.





[1] Cfr. VILADRICH, PEDRO- JUAN, Agonía del matrimonio legal, EUNSA, Pamplona 2010, pág. 48
[2] TOMAS Y GARRIDO, GLORIA MARÍA, Cuestiones actuales de bioética, EUNSA, Pamplona 2006, pág. 58
[3] Cfr. VILADRICH, PEDRO- JUAN, Agonía del matrimonio legal, EUNSA, Pamplona 2010, págs. 54-55
[4] Ibid. págs. 78-79

domingo, 29 de abril de 2012

W. V. O. Quine


¿Ha perdido la filosofía el contacto con la gente?



Alumnos: Manuel Leguía Mendoza - Mario Vladimir Estrada

Es muy significativa la aportación que Quine hace en este artículo con el estudio del status de la filosofía en la actualidad. El objetivo que persigue es la de conocer si la filosofía ha perdido contacto con la gente o, lo que es lo mismo, con la realidad.

Para tal cometido, hace un breve recorrido histórico a través de las “lumbreras”, como él llama a los grandes filósofos antiguos y modernos, para mostrar ellos, además de ser filósofos fueron científicos que buscaban una concepción organizada de la realidad. De ahí que lo que hoy en día llamamos filosofía tenga en gran parte esos mismos intereses. Por tanto, en la actualidad la filosofía no debe dejar de lado las ciencias particulares (o especiales), es más, debe dejarse ayudar de sus logros para alcanzar una mayor profundización especulativa.

Quine es consciente de que la filosofía ha sufrido un consenso vacilante respecto a competencia profesional en comparación a las ciencias “duras” que han avanzado mucho en el conocimiento de sus objetos de estudio. Este es uno de los motivos por las cuales la filosofía ha perdido su prestigio. Pero está claro que Quine está hablando de filosofía científica, de una filosofía que esté en contacto de un modo directo con la realidad. Para ilustrar esto traemos a colación la feliz frase de Quine: “el estudiante que se dedique a la filosofía por consuelo espiritual se equivoca, ya que lo que lo mueve no es la curiosidad intelectual”.

Por eso, ahora nos preguntamos ¿hay alguna diferencia entre los ámbitos de filosofía y de los otros saberes? En primer lugar, para los demás ámbitos del saber, como lo dice el mismo término, lo único que hace falta es “saber”, tener “conocimientos”. Esto no basta para el ámbito filosófico, acá es menester “amar” la sabiduría. Por tanto, la filosofía no es propiamente sabiduría sino a amor a ella.

No debemos, por tanto, encasillar o reducir la noción de “filosofía” a una palabra de cinco sílabas con semántica cambiante y frívola. La filosofía es mucho más que una palabra de nueve letras formando un nombre. La filosofía es ante todo, como decíamos antes, amor a la sabiduría.

Si los antiguos griegos vivieran hoy, probablemente se llevarían las manos a la cabeza diciendo: ¡¿le llaman “metafísica” o “filosofía” a una asignatura de una facultad?! Quizá les causaría tanto asombro como el que les producía la realidad. La filosofía para los griegos no era solamente un saber teórico sino que era un modo de vivir; hasta el punto que los griegos al ver a Aristóteles o a Platón decían ahí viene el filósofo. En la actualidad echamos de menos la coherencia entre el pensar y el vivir. 

Debemos (nosotros como estudiantes de filosofía) ser capaces de mostrar la dimensión filosófica de todo, abrir esa dimensión inherente a la realidad misma: como se mezcla la sal en toda la comida porque ella es la que le da sabor. La realidad sin filosofía queda insípida. 

miércoles, 18 de abril de 2012

J.A. Austin: Análisis y verdad


"La verdad y la falsedad ante los enunciados performativos"


Manuel Leguía Mendoza

En este ensayo intentaré sostener que no se puede hablar de verdad y falsedad en los enunciados performativos. Para esto seguiré el artículo de Jaime Nubiola (J.A. Austin: Análisis y verdad). Como punto de partida se puede decir que Austin no trata de la verdad en general. Dice que la "verdad" misma es un nombre abstracto, un camello de una construcción lógica, que no puede pasar siquiera por el ojo de un gramático. Por eso prefiere "de acuerdo con su perspectiva metodológica" replantear el problema de la verdad en su dimensión lingüística, entendiendo ésta no como la dilucidación del significado de la palabra "verdad", sino como análisis del lenguaje veritativo en la total situación de habla (Nubiola).

La noción clásica  de verdad es la adecuación entre la cosa y el entendimiento. Esta definición para Austin es propia de la "Teoría de la correspondencia" porque la verdad depende de la correspondencia entre la realidad y el entendimiento del cognoscente. Austin dice que la verdad no sólo es esto porque si fuera así bastaría clasificar los enunciados en verdaderos y falsos. Pero, los enunciados  no sólo son descriptivos o constatativos sino también performativos. Este sentido de los enunciados es lo que caracteriza a Austin.

La absolutización de los enunciados descriptivos lleva al error, porque implica el rechazo de enunciados performativos. Estos enunciados hacen algo con las palabras y por tanto no pueden ser considerados como enunciados verdaderos o falsos. Para explicar esta postura me serviré del enunciado performativo "Juan Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo". Este enunciado no pretende ser ni verdadera ni falsa sino hacer algo, perdonar el pecado original y transmitir la gracia sacramental.  Para que este enunciado cumpla con su fin ha de ser pronunciada por un ministro ordinario (sacerdote o diácono) o extraordinario (cualquier fiel bautizado que tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia), acompañando con el gesto (derramando agua sobre el sujeto), y tiene que ser en un lugar adecuado (en una iglesia -pila bautismal- o en otro lugar digno),  y por último, el sujeto tiene que ser uno aún no bautizado y que crea en Jesucristo.

Este enunciado será eficaz solamente si se dan las condiciones que hemos mencionado en el párrafo anterior porque si no falta una de las condiciones "esas palabras" no realizaran lo que pretenden. Por ejemplo si en un teatro, el actor principal pronuncia la fórmula del Bautismo sobre un niño no habrá sacramento porque el ambiente no es lo adecuado y el actor de un teatro no puede ser ministro en circunstancias normales, etc.

Como conclusión podemos decir que hay enunciados que son performativos que no son descripciones de inciertos actos internos, no dicen algo, sino que hacen algo, y por consiguiente no pueden ser verdaderas o falsas. Siguiendo con el ejemplo, la fórmula del Bautismo no pretende ser del sacramento del Bautismo, ni pretende describir que en Dios hay tres personas sino hacer algo, perdonar los pecados y la transmisión de la gracia sacramental.

Para terminar, quiero hacer referencia a una frase que muchos la repiten: "toda proposición debe ser verdadera o falsa". No estoy de acuerdo con esta afirmación porque hay enunciados o proposiciones que no se pueden clasificar como verdaderas o falsas. Hay enunciados como el que hemos analizado antes, que no pretenden ser verdaderas ni falsas.




"Pragmatismos y relativismos"


Los distintos caminos hacia la verdad


Manuel Leguía Mendoza

En este ensayo quiero dar a conocer que a la verdad no sólo hay un camino sino hay muchos y distintos caminos. Para esto me serviré del artículo de Jaime Nubiola: "Pragmatismos y relativismo". En este artículo se sostiene el pluralismo epistemológico.

Todos los hombres desean conocer la verdad. Así empieza Aristóteles su Metafísica. Entonces es fácil entender que haya muchos caminos para llegar a la verdad. Es decir,     que la razón de cada uno es camino hacia la verdad, pero las razones de los demás sugieren y apuntan otros caminos que enriquecen y amplían nuestra comprensión (Nubiola). Esta manera de entender la búsqueda de la verdad, también es propia del pragmatismo pluralista.

Cuando se habla de los distintos caminos para alcanzar la verdad, no se debe entender que cada camino tenga su propia verdad sino que a través de los distintos caminos se llega a la verdad. Los distintos caminos son como las distintas carreteras que llevan a una determina ciudad. No importa tanto si uno viaja por una o por otra carretera. Aunque es cierto que hay una de todas las opciones que es más corta y por tanto se llegará al destino en menos tiempo que los otros que van por las otras carreteras. Lo que pasa con las carreteras pasa también con las personas que buscan la verdad. El fin de todos es la verdad pero unos alcanzarán pronto, otros necesitarán ayuda pero lo conseguirán su fin y otros no alcanzarán su fin si han tomado caminos contrarios o simplemente no están en el camino. En este sentido se habla de que siempre es posible mejorar el método de conocimiento o nuestras teorías. 
Caminos del inca (Perú)


El pluralismo epistemológico no implica la negación de la verdad, porque esto es propio del relativismo. La tesis del relativismo queda expresada de una manera sutil en la siguiente expresión del poeta Campoamor "nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira". No hay una verdad sino que cada uno tiene su propia verdad. En el relativismo, el pluralismo epistemológico se convierte en un pluralismo de verdades.

El pluralismo que se sostiene no es el del relativismo sino es el del pluralismo epistemológico. Es decir, se hace referencia a los distintos modos de conocer la realidad. La verdad es inagotable por tanto no puede ser objeto de un modo de conocer sino que queda siempre abierta a otros modos de conocer y a nuevas formulaciones. Por ejemplo: la persona puede ser conocida desde el punto de vista filosófico, teológico, sociológico, ético, etc. Pero estos modos de conocer no son contradictorios sino complementarios. Esto mismo en palabras del poeta Salinas "todo lo sabemos entre todos". Es decir, que el conocimiento de la realidad es mucho más si hay interdisciplinariedad.  Es decir si se aborda desde distintos puntos de vista una sola realidad pero sin ignorar las conclusiones de las otras disciplinas sino asumiéndolas. 

El pluralismo gnoseológico rompe con los límites del fundacionalismo cientista y del relativismo. Los cientistas sostienen que la verdad se alcanza solamente por medio del método científico. Esto es un reduccionismo del conocimiento humano porque el hombre es capaz de conocer verdades que no son susceptibles de verificación o falsación con los instrumentos científicos.  De modo parecido, el relativismo sostiene que cada uno tiene su verdad y no hay razón alguna de que mi verdad coincida con la tuya. 

Quiero terminar este ensayo con las palabras de Antonio Machado: "¿tu verdad? No, la verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela". Hay que buscar la verdad, y no "tu" verdad ni la "mía". La búsqueda de la verdad es enriquecedora, porque la verdad es perfeccionamiento.